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La Feria Internacional de San Sebastián
LAS FERIAS DE SAN SEBASTIÁN
               
El hecho sociológico que reúne a un pueblo en el mes de enero tiene larga data. La investigación de cronistas como Marco Figueroa, Rafael María Rosales, Anselmo Amado, Nemecio Parada, Augusto Murillo Chacón, J. J. Villamizar Molina, Aurelio Ferrero Tamayo y Eutiquio Hevia, traducida afortunadamente en libros, ha permitido tomarle una secuencia a lo sucedido desde 1835, aproximadamente. Figueroa hace alusión al contrato establecido entre la municipalidad y el señor Pedro María Gutiérrez, debiendo suministrar éste tres días de toros en la fiesta de San Cristóbal. El convenio fechado el 8 de enero de 1835, unilateralmente expresa: “desde el 13 del corriente mes, me obligo a proporcionar los tres días de toros en la próxima Fiesta de San Sebastián y vender al público carne gorda a un real la libra y media, más tres docenas de “boladores” en cada tarde de toros”. Para el año siguiente, 1836, el contratista fue don José Jesús Martínez.        
Existen apenas, distantes referencias a la fiesta realizada en julio, en honor a San Cristóbal como patrono. Las inclementes lluvias forzaron su traslado a enero. Desde entonces, el culto se rinde a San Sebastián, máxime por la creencia española de tenerlo como protector ante los ataques de las flechas indígenas. Ha sido una controversia que no se ha dilucidado. La capital, San Cristóbal, tiene como patrono a San Sebastián. Esta dicotomía ha llegado hasta las alturas académicas sin resolución alguna. Creo, en particular, que cuando se descifren los documentos coloniales que sobre el Táchira posee el Archivo de Tunja, capital del antiguo corregimiento que abarcaba lo que ha sido territorio venezolano desde 1777, podrá aclararse. Del resto, seguiremos en un mar de dudas. 
                Si partimos de esa fecha que nos trae Figueroa, 1835, podríamos decir que no todos los eneros tuvieron buenas fiestas. La tradición remonta al intercambio comercial con los hermanos colombianos. Desde Cundinamarca, Boyacá y los Santanderes, los reinosos llegaban cerca del 19 con su batán, una colección de sillas de cuero, trabajos de talabartería, cobijas, dulces, queso paipano y carne gorda. Venían con sus familias, con sus animales, sus caballos, los que cambiaban en la Plaza de San Sebastián, hoy Parque Sucre en los llamados cambullones, o momentos de trueque, donde a los malos animales, enfermos y agotados los llamaban raques, siendo esto motivo de discusión y peleas. Los colombianos fueron los primeros huéspedes de estas ferias realizadas en la región aislada del país, sin vías de comunicación. Sería desde 1901 cuando las fiestas fueron tomando otra dimensión, sin embargo se ahondará en la cita de crónicas que permitan estudiar mejor este período histórico. 

San Cristóbal Carrera 7

                 Llegados los tachirenses al poder político nacional, el Táchira comenzó a vivir una relativa paz que anteriormente no tenía. Las fiestas de enero, comenzadas en la Plaza Mayor, hoy Juan Maldonado, frente a la Catedral, tuvieron en los toros un centro de atracción. Las capitanías hacían el jolgorio durante una semana, y las disposiciones jurídicas fueron creadas para poner orden en este sentido. La fiesta en cada municipio no podía pasar de siete días y se realizaría una vez al año. Este orden fue necesario en comunidades como San Cristóbal, Táriba, Lobatera, Colón y Seboruco que condujeron esta costumbre. El cronista Figueroa cita una solicitud de fiesta de toros en San Antonio del Táchira en 1828 en honor al Libertador en el día de su onomástico, San Simón, celebrado el 28 de octubre. La fiesta era regida en días separados por las capitanías que se encargaban de animarlas: PRIMER DIA: El Ejecutivo del Estado; SEGUNDO DIA: El Ilustre Concejo Municipal; TERCER DIA: La juventud, el comercio e industrias; CUARTO DIA: Los nueve distritos del Estado; QUINTO DIA: Las aldeas de Zorca, Las Pilas, parroquias urbanas y el Municipio Santa Ana (hoy Córdoba); SEXTO Y ULTIMO DIA: El gremio de ganaderos y pesadores de carne (llamados peseros). Estas instituciones comandaban las diferentes Capitanías. En lo que atañe a los sitios de realización, fuera de la mencionada Plaza Mayor, los escenarios empleados han sido: la Plaza de El Pantano, posterior Plaza Páez y hoy Plaza Bolívar; el Circo Metropolitano, ubicado en la carrera 8, esquina noroeste de la calle 5; la Plaza de La Ermita hoy Plaza Páez; la Plaza 19 de diciembre actual Urdaneta; la Plaza de Los Mangos; la Plaza de La Concordia o del Samán; la nueva Plaza de La Concordia, hoy Plaza Venezuela; y la Monumental Plaza de Toros de Pueblo Nuevo, inaugurada en enero de 1967.  

Plaza Páez en 1910

 

Plaza 19 de diciembre

 

Plaza Venezuela

                 La celebración fundamental era el día del patrono. Desde fines del siglo XIX, ese 20 de enero se iniciaba con una detonación de pólvora que partía de la Iglesia de La Ermita, recorría la carrera seis en sentido norte-sur y culminaba en la actual Catedral, llamada entonces Templo o Iglesia Matriz de San Sebastián. Luego, la costumbre fue modificada y en el momento de la elevación del Santísimo, la recámara partía desde el Templo Matriz, subía por la calle 4, pasaba frente al Parque Sucre, bajaba por la calle 5 hacia el Club Táchira, doblaba a la derecha y terminaba en uno de los portones del Mercado Cubierto, ubicado donde hoy es el Centro Cívico. Desde 1901, ya tranquilizados los ánimos violentos desde la llegada de Cipriano Castro al poder, enero se engalanaba con la visita del obispo de Mérida, Monseñor Antonio Ramón Silva, ya que San Cristóbal formaba una vicaría dependiente de esa diócesis. En la entrada norte de la ciudad enfiestada, el presidente del Estado, general Celestino Castro, en medio de una gran cabalgata salía a recibir al prelado e invitarlo como huésped ilustre de la ciudad. Ese año de 1901, sirvió para inaugurar la alameda del cementerio de la calle 16, obra del ayuntamiento. Cuando el mitrado merideño no venía en enero, la misa de San Sebastián era presidida por el vicario, Felipe Rincón González, sacerdote zuliano de gran recuerdo. Luego, González sería designado monseñor y arzobispo de Caracas en 1916. En enero de 1920 volvió a su querida tierra, invitado especialmente por el general Eustoquio Gómez. Después de 1923, con la creación de la Diócesis de San Cristóbal y la entronización del primer obispo, Tomás Antonio Sanmiguel, la fiesta de San Sebastián sería presidida por el purpurado de esta gobernación eclesiástica.

Obispo Tomás Antonio Sanmiguel               
Los más importantes sucesos de la ciudad quedaron para ser mostrados, como símbolo de avance, durante la temporada de fiestas de enero. Así, en 1905 se realizó la primera exhibición de cine, seguida de un gran homenaje a Colombia como pueblo hermano. En 1906, se llevó a cabo el más grande despliegue en honor de esta tierra. Doña Zoila de Castro, la primera dama de la República, volvió a su querido Táchira en plena temporada festiva para presidir la llamada Exposición Tachirense. Por primera vez las creaciones artísticas, agrarias, sociales, culturales de los nueve distritos del Táchira eran mostradas sistemáticamente en un sólo espacio. Allí donde quedó Banfoandes en la Quinta Avenida con calle cinco, antigua sede del Banco Táchira, del Concejo Municipal y del Poder Ejecutivo se llevó a cabo esa gran muestra. El Táchira se conocía a sí mismo en razón de la creación de sus habitantes. La apoteosis fue única con la presencia de la notoria dama. El Teatro Garbiras mostró sus mejores galas para presentar la Compañía de Zarzuela de Terradas y Valdepares con la participación de artistas como Emma Soler, Rafael Guinand y Antonio Saavedra, con obras de teatro y zarzuelas cantadas bajo la dirección del connotado compositor y pianista valenciano, Sebastián Díaz Peña, uno de los músicos preferidos del general Castro. La Banda del Estado Táchira se llamó por esos días, Banda Castro, y su director, don Alejandro Fernández, preferido de los Castro, se puso a la orden del gran maestro centrano. El Club Táchira, presidido por el rico cafetalero don José Antonio Guerrero, recibió a doña Zoila con todos los honores que la sociedad sancristobalense rendía a la esposa del presidente de los venezolanos. 

Toreros en Plaza

                Para 1911 se conoció de un circo de madera hecho por el ebanista Elbano Fossi en lo que hoy es la Plaza Bolívar. Desde los balcones de la Casa Steinvorth, los alemanes disfrutaban de los toros criollos lidiados por valientes novilleros y bufos que eran el hazmerreír de los asistentes. En 1914, apareció el hielo en la ciudad, vendido por los señores Angarita, en las inmediaciones de la calle 8 con carrera 8. El obispo Silva volvió en su larga gira que incluía todas las capitales tachirenses, ruta que podía durar hasta dos meses de recorrido, y de nuevo el Club Táchira, dirigido por otro rico hombre del café, Antero García Espinel, brindaba sus mejores atavíos y modales. Llegado Eustoquio Gómez al poder en 1914, el carnaval pasó a primer plano, dejando a las Fiestas de Enero en un incómodo segundo lugar. El carnaval, vale decir, se inauguró el 24 de enero de 1913, y siguiendo la tradición caraqueña tuvo mayor preeminencia por parte de los gobernantes, tal vez por cosas de la moda. Sin embargo, las fiestas, como eran conocidas, continuaron su trayectoria. El gran salto vino en los días previos a la inauguración de la Carretera Trasandina. En 1925 la conexión con Caracas comenzó a hacerse por tierra, atravesando por páramos andinos y los parajes larenses, hasta llegar al centro. Es de acotar, que las ferias anteriores eran de una región completamente aislada que se conectaba con el mundo a través del Lago de Maracaibo y del Ferrocarril del Táchira. Entonces, desde 1925 todo cambió, pues con la fuerza del gramófono, de la victrola, de los discos, llegó la primera orquesta de baile o jazz band, como eran conocidas. La Orquesta de Maño, Manuel Espinoza, pianista fundador años luego de Los Melódicos revolucionó el gusto de los enferiados tachirenses. Los clubes fueron tomando la dimensión de este hecho, y con el surgimiento de otros espacios diferentes al Táchira, como el Club Demócrata, el Centro Latino, el 19 de Abril, y algunos sitios non sanctos, como pequeños mabiles propios del underground, la música típica de cuerdas pasó a otro estrado. La guaracha, el fox trot, el bolero, el pasodoble, la rumba, el tango, comenzaron a apropiarse de los gustos de los bailarines de entonces. El desenfreno sería tal, que en 1927, el presidente de la Junta de Ferias y Fiestas, el doctor Eduardo Santos, padre del ex gobernador Luis Eduardo Santos Stella y abuelo del arquitecto Eduardo Santos Castillo, diseñados y hacedor de la Plaza de Toros, decidió hacer una fiestas más recatadas. Los valores deportivos y del trabajo debían ser ejemplo. Por ello, en enero de 1928 se premió por primera vez la producción agropecuaria. Un toro Holstein de don Hernán Becerra, propietario de la hacienda La Potrera, cerca de lo que es actualmente el Viaducto Nuevo, obtuvo las preseas de esta dimensión menos alocada del festín. Luego el mes de enero fue propicio para mostrar la entrada de la estatua ecuestre del Libertador en 1929, la inauguración del Hotel Royal de los hermanos Villasmil Candiales en 1932, la creación del servicio de Aseo Urbano en 1937, y la presencia de tres ministros en 1939. Un año después, en las vecinas fiestas de Zorca, un novillero peruano que vivía en San Cristóbal en un hotel de la carrera 8, Vicente Villanueva, quien asistió de paisano a ver la corrida, ante la ausencia de uno de los diestros, fue invitado a suplirlo. Asumido el reto, Villanueva fue corneado y los pésimos servicios de emergencia de entonces, produjeron su desangramiento hasta llegar muerto al Hospital Vargas de la calle 16.
Vicente Villanueva
                El general Isaías Medina Angarita estuvo en el preludio de la fiesta de enero de 1944. En el Salón de Lectura condecoró a su maestro de juventud, el doctor Antonio Rómulo Costa y recibió un homenaje musical de la Banda del Estado dirigida por el maestro Marco A. Rivera Useche. Fue ocasión para que inaugurara el nuevo edificio del San Cristóbal Tennis Club y fuera honrado con una ternera en la Hacienda Paramillo. en tiempos de revolución, luego del 18 de octubre, en lo que otros han llamado “el trienio adeco”, pueblo y ejército se hermanaban en apoyo al gobierno revolucionario. Copei celebró su primer año de fundado en San Cristóbal y el Edificio Nacional fue inaugurado en enero de 1947 con un baile amenizado por la orquesta caraqueña Leonard Melody, alternando con la muy famosa local Tropical Boys. La fiesta de enero fue momento para inaugurar el dancing de El Sol de Medianoche. Después, en la década de los cincuenta, otro presidente tachirense, el general Marcos Pérez Jiménez mostró en el mes de enero, la prueba fehaciente de la obra física de su gobierno, la que aún permanece útil en esta capital.
                Indudablemente, las fiestas y ferias de enero, protagonizadas por gentes sencillas, hombres y mujeres del pueblo, han dado a esta capital una dimensión sociológica en que todos han participado de ese hecho. Lo surgido desde 1965 fue el producto de valerosos hijos de esta tierra que se atrevieron a dar un gran paso. Será tema de otra exposición, en la que se mostrarán los antecedentes de la fiesta brava, con toros de lidia, hasta la contratación de El Cordobés por parte de Hugo Domingo Molina. La proyección nacional e internacional de San Cristóbal, haría de ella, la máxima protagonista de este evento. Desde entonces comenzaría a ser conocida como “La Ciudad de la Cordialidad”.

Plaza Monumental de Pueblo Nuevo

 

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